El impacto de las úlceras venosas

Dentro de las úlceras vasculares, las venosas representan entre el 80-90% a nivel mundial.

Estudios revelan que el tratamiento de este tipo de úlceras vasculares constituye el 50% del tiempo total de enfermería en atención primaria.

La cronicidad y la recidiva son sus características clínicas más destacadas.

El 50% permanecen abiertas por encima de los nueve meses, un 20% lo están hasta los dos años, y un 10% hasta los cinco, recidivando un tercio de las inicialmente cicatrizadas dentro de los doce meses siguientes a su curación.

Es importante recalcar que los pacientes con una úlcera venosa rara vez necesitan la amputación y tampoco requieren cirugía de urgencia. La duración de esta clase de úlcera puede ser muy prolongada, suponiendo un deterioro de su calidad de vida, particularmente en relación al dolor, funcionalidad física y movilidad.

Es una patología asociada también con la depresión y el aislamiento.

La incidencia es mucho más alta a partir de los 65 años. Según un estudio, el 5,6% de la población las sufre.

Las mujeres son las más propensas a padecerlas, con una relación varón-mujer de 1 a 3.

En España, las úlceras venosas representan un 69% de las úlceras de pierna. Un estudio realizado en centros de salud por médicos de atención primaria ha permitido constatar que el 2,5% de los pacientes que acuden al médico de atención primaria padecen úlceras venosas.

 

Las úlceras arteriales o isquémicas suponen entre un 10 y un 25% de todas las vasculares.

La prevalencia en mayores de 65 años se sitúa entre un 8 y un 11% mientras que en personas menores de 60 años, ronda en 2%.

Suelen caracterizarse por una evolución crónica con mal pronóstico, debido a la poca respuesta terapéutica y a los procesos sistémicos concomitantes en los enfermos, además de un alto riesgo de infección.

La diabetes y, sobre todo, el tabaquismo se consideran factores de alto riesgo para su aparición.

Compartir